"Cuando el alma se va descubriendo lo hace tan silenciosamente que es como si se deslizara en la mente con una suavidad incomparable. Es como cuando se abre una flor; puedes estar esperando ese sublime momento durante mucho tiempo y de pronto en un instante y casi sin que puedas percibirlo, los pétalos se deslizan fugazmente hacia afuera en un sólo movimiento maestro y... ya está. Una hermosa flor, su corola abierta al dorado cielo del amanecer y es tal su digna belleza ofreciéndose plena a la luz, que no es posible imaginar siquiera que alguna vez estuvo cerrada en un apretado capullo".